Aventuras de un abogado emprendedor

Independientemente del contexto económico, hay que reconocer que constituir tu propio despacho nunca es tarea fácil. Aun así, el arriesgarte a vivir esta aventura te guarda una agradable recompensa diaria.

Estudias una carrera, sacrificas tu vida familiar y social para conseguir aquello que te propusiste. Cuando obtienes el título de licenciado exclamas: “¡Mundo, ahí voy!” Y sigues formándote y formándote más. Haciendo masters y cursos varios, pensando que todos estos años de estudio te van a servir prácticamente para todo lo relacionado con tu profesión. Eso es, prácticamente…

Convencido de que lo tuyo es trabajar por cuenta propia y con ilusión de crear tu propio despacho, te pones manos a la obra.

Por experiencia te recomiendo que cuando te entre este acelerón, hay que ser cauteloso y no te precipitarse. Antes de empezar es conveniente tomarse un tiempo para reflexionar sobre lo que se quiere conseguir; sobre el modelo de negocio del despacho; sobre la imagen que se quiere comunicar al exterior y la que conviene que perciban los demás; sobre los valores que se quieren transmitir; los servicios que se ofrecerán, etc.; y, escribirlo. Esta fase es fundamental, porqué condicionará todo lo demás. Por tanto, es importante trazar un plan fijando todas estas cuestiones junto con los objetivos que se han propuesto alcanzar a corto, medio y/o a largo plazo. Este proceso puede durar días, semanas, incluso meses. Así que no te desesperes, tómate el tiempo que necesites. Después de esto, ya empezarás a darte cuenta de una cosa esencial: ¿Cómo es posible que sea tan difícil y me cueste tanto definir cómo debe ser un despacho jurídico…? ¡Pero si soy abogado!

¡Bingo!

Acabas de descubrir que tienes formación jurídica, pero no empresarial. Ni tampoco en marketing, ni en diseño gráfico, ni en finanzas, ni en comunicación, ni en publicidad, ni en gestión de empresa, ni en administración de nada, ni… ¡en un montón de cosas más!

Está claro que somos abogados, no superhéroes. Cada cuál lo suyo. No es preciso saber mucho de todo, pero para poder tirar adelante tu propio proyecto, sí es necesario tener algunos conocimientos básicos o como mínimo, ser consciente de que un despacho de abogados no deja de ser un negocio, que debe funcionar como tal y que hay que destinar recursos a cubrir ámbitos específicos que son fundamentales (y ajenos a la propia actividad) como en cualquier otra empresa. Cierto es que se pueden cubrir contratando profesionales expertos para ello, pero el abogado emprendedor sabe muy bien que eso no siempre es posible por una carencia de recursos obvia.

Poneros cómodos… ¡Aquí empieza la trepidante aventura del letrado emprendedor!

Esta aventura que has elegido vivir (y jugar) es una de aquellas en la que debes aprender a ser, a la vez, comercial; relaciones públicas; community manager de tu propia compañía; publicista y marketero; redactor jefe de tu blog; contable; economista; empresario; terapeuta de compañeros en tu misma situación (por cierto, os recomiendo hacer regularmente sesiones de terapia de grupo para compartir batallitas y experiencias; son muy gratificantes, a parte de que ayudas y aprendes de los demás); y un sinfín de cosas más, con total de optimizar recursos. En definitiva, sin titulación profesional alguna, lo intentas. ¡Lo que se conoce como intrusismo puro, vaya! (En el bien entendido de la palabra y sin hacer daño a nadie, hombre) ¡Ah! Y ahora no te olvides de ejercer de abogado, ¿eh? (Aquí ya sí que se precisa de algún que otro titulillo.)

Bienvenido al quid de la cuestión: tu condición profesional avanza en paralelo a tu condición como empresario, que es lo que eres a fin de cuentas. Y la gracia del asunto es poder compaginar y progresar en ambos aspectos a la vez.

Llega un día en el que te das cuenta de que estás combinando la asistencia a cursos de formación específica para abogados con la de seminarios de creatividad para emprendedores; participas en cursos básicos de marketing (incluso del 2.0), de economía, gestión y rentabilidad de la empresa, entre otros muchos; te empapas de los mejores libros sobre autoempleo, marketing jurídico, habilidades procesales y eficacia del abogado, y sin que falten grandes dosis de optimismo. Pero es que también acudes a programas de coaching para abogados, a la vez que te estudias la última reforma de una ley que es aplicable a un caso que te ha encargado un cliente de forma especial y en la que ha depositado toda su confianza en ti. Y sin olvidar ojear de vez en cuanto el calendario de guardias del turno de oficio para organizarte cuando llegue el momento de estar en stand-by.

Uf, así leído incluso a mí me resulta estresante. Pero os puedo asegurar que ¡nunca en mi vida me había divertido tanto! Y lo mejor de todo: he aprendido que las dificultades económicas en especial, las que sufrimos los emprendedores, no se solucionan con dinero sino con creatividad y motivación. ¡Gran descubrimiento, éste!

Puede que alguien llegue a pensar: ¿Pero tú, qué eres? “Superwoman”? Ui no, no, ¡ni mucho menos! Soy una abogada que siente profunda vocación por esta profesión, que adoro y aprecio a mis compañeros y clientes, que sus halagos y afables regañinas siempre son un regalo para mí. Y que a pesar de las dificultades, éstas se me compensan con la intensa felicidad y orgullo que siento por la elección que tomé el día que decidí emprender sola. Y es precisamente eso, que te das cuenta que la vida es siempre una cuestión de elección.

Mi humilde consejo y sin más pretensión que la de dar una dosis de ánimos y optimismo es: analiza tu vida profesional y personal, reflexiona sobre si estás haciendo lo que realmente te gustaría hacer (y no lo pienses con la cabeza, hazlo con el corazón). Sé valiente y honesto contigo mismo. No te asustes si descubres que no estás haciendo lo que quieres, que lo tuyo tiene una buena solución: siempre estás a tiempo de reinventarte. Redacta tu plan feliz e ideal, lánzate, y elije hacerlo realidad. 

Por Cristina Ribas Casademont, abogada especialista en Internet y Nuevas Tecnologias de Ribas Casademont Advocats

Fuente: http://www.diariojuridico.com/opinion/aventuras-de-un-abogado-emprendedor.html

 

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